 El primer Gobierno del nuevo estado fue presidido por el General Louis Botha, y como vicepresidente el General Jan Smuts. Ambos pertenecían al Partido Nacional de Sudáfrica y seguían un línea política que favorecía a los británicos y a la segregación racial. Otros Boers más radicales desertaron el partido para formar otro nuevo llamado Partido Nacional. Estos últimos avocaban por los intereses de los Afrikaaners, el desarrollo de dos grupos de blancos paralelos y la independencia de la Gran Bretaña. En este estado no había espacio político para los negros, si bien constituían el 75% de la población. Se les negaba el voto en el Transvaal y el Estado Libre de Orange y bajo ciertas condiciones, en base a las propiedades que tenían, se les concedían derecho al voto en la Colonia del Cabo. Nuevas leyes fueron promulgadas que todavía oprimían más a las poblaciones no blancas. Por ejemplo, los negros no tenían derecho a la huelga y estaban relegados a las tareas manuales, no podían enrolarse en el ejército y debían estar provistos de pases para poder tener acceso a ciudades u otros lugares del país. En 1939 se promulgó una ley que reservaba el ocho por ciento del territorio de Sudáfrica a los negros. Los blancos que apenas constituían el 20% de la población se les daba el dominio sobre el 92% del territorio. Los africanos negros no podían comprar, rentar, ni inclusive cultivar tierras fuera de las asignadas. Millares de negros fueron sacados de granjas y forzados a emigrar a estas zonas asignadas a ellos, cada vez más superpobladas y empobrecidas. Los negros y colorados comenzaron a organizarse y empezaron a surgir algunos líderes tales como John Jabavu, Abdulla Abdurahman y Walter Rubusana. El más influyente en aquella época fue, sin embargo, Pixley ka Isaka, un graduado de la Universidad de Columbia, quien en 1923 organizó el Congreso Nacional Africano. Paralelamente Mahatma Gandhi trabajaba a favor de la población india en Natal y Transvaal. La recesión internacional que siguió a la Primera Guerra Mundial presentó un problema a los dueños de las minas, quienes en su afán de reducir costos comenzaron a contratar a personal semi-experto negro con salarios muchos más bajos que el de los blancos. En 1922 estalló una rebelión de estos trabajadores respaldados por el Partido Comunista de Sudáfrica bajo el "eslogan" Trabajadores del Mundo únanse por una Sudáfrica blanca. La rebelión no tuvo mayores consecuencias, excepto el de ahondar la discriminación racial. En 1924 el Partido Nacionalista dirigido por Herzog llegó al poder y el nacionalismo Afrikaan comenzó a tomar mayor fuerza. El idioma holandés fue sustituido oficialmente por el Afrikaan. A mediados de 1930 el Partido Nacionalista de Hetzog se unió al más moderado Partido de Sudáfrica de Smut para formar el Partido Unido. Esta coalición se derrumbó cuando Smut tomó las riendas del partido y entre mucha controversia, entró a Sudáfrica del lado de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo el nacionalismo Afrikaan, lejos de extinguirse, se intensificó cuando Daniel Francois Malan creó el Partido Nacional Purificado, el cual se colocó en el centro de la vida política del país. Por otra parte, una agrupación secreta llamada "Afrikaaner Broederbond" formada en 1918 para proteger la cultura de los Afrikaans, comenzó a tomar auge convirtiéndose en una fuerza con gran influencia en el Partido Nacionalista. Debido a la pujante economía de guerra, la mano de obra negra comenzó a ser importante para la minería y las industrias y la población negra prácticamente se duplicó. Enormes campamentos comenzaron a surgir en los alrededores de Johanesburgo y en otras ciudades. Las condiciones de vida en estos campamentos era deplorable, pero no únicamente para los negros; durante la guerra un estudio reveló que el 40% de los niños blancos sufrían de malnutrición.
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