Durante los años siguientes a la guerra, los británicos se dedicaron a reconstruir el país, particularmente las minas de Witwatersrand que producían un tercio del total de oro que se extraía en el mundo. Pero la paz que daba el Tratado era sumamente frágil. Los Afrikaneers se vieron en la posición de ser agricultures pobres en una nación que les excluía de la explotación de los yacimientos de oro. También resentían profundamente los intentos fallidos de los británicos de imponer sus costumbres e idioma. Por esta razón es que el idioma Afrikaan vino a representar el símbolo de la nación Afrikaana y una ola de nacionalismo comenzó a expandirse por la región. La población negra y colorada estaban totalmente marginalizada. Los impuestos eran altos, los salarios muy reducidos y la administración británica incentivó la inmigración de millares de chinos a la región para silenciar las protestas de los trabajadores. En 1906 se produjo lo que se denominó la Rebelión de Bambatha en la cual 4.000 Zulús murieron en los disturbios que se produjeron en protesta por el incremento en los impuestos. Los británicos siguieron con su plan de unir a los diferentes estados en Sudáfrica. Después de varios años de negociaciones, en 1910 la Ley de la Unión fue aprobada, uniendo a la Colonia del Cabo, Natal, Transvaaal y el Estado Libre de Orange en un solo estado llamado Unión de Sudáfrica. En esta unión se contemplaba que todo el territorio estaría bajo la administración británica, concediéndose cierta autonomía a los Afrikaaners. Los territorios de Basotholand (actualmente Lesotho), Bechuanaland (actualmente Bostswana), Swaziland y Rhodesia (actualmente Zimbabwe) continuaron bajo el dominio de los británicos. El inglés y el holandés se establecieron como idiomas oficiales. El idioma Afrikaan no fue reconocido como oficial sino hasta 1925. A pesar de las campañas de los negros y colorados por el derecho al voto, este derecho se mantuvo solo para los blancos y únicamente los blancos podían ser miembros del parlamento.
|