 Si bien los holandeses se veían obligados a comerciar con los Khoikhois, la relación no era amistosa. Los holandeses recurrieron a traer agricultores de Holanda quienes cultivaban la tierra y surtían a la Compañía con sus productos. Esto resultó muy exitoso, produciendo abudantes cantidades de frutas, vegetales, trigo y vino. Posteriormente también comenzaron a criar ganado. La mayoría de los agricultores eran holandeses y miembros de la Inglesia Reformista Calvinista de Holanda, pero también había numerosos alemanes. En 1688, a los holandeses y alemanes, se les unieron los huguenotes franceses, también Calvinistas, que huían de la persecución del rey Luis XIV. En adición al establecimiento del exitoso sistema agrícola, los holandeses comenzaron a traer esclavos principalmente de Madagascar y de Indonesia. Algunos de estos esclavos se mezclaron con los europeos y su descendencia fue lo que se llamó Colorados del Cabo o Colorados Malayos. Con la adición de los esclavos las tierras ocupadas por la Compañía se extendieron hacia el norte y hacia el este y la guerra con los khoikhoi se hizo inevitable. Los khoikhoi fueron obligados a replegarse al ser diezmados por la superioridad en armamento de los holandeses y por enfermedades introducidas por los europeos. Las guerras de guerrillas de los khoikhoi duró hasta el siglo XIX. A los sobrevivientes no les quedó otra opción que trabajar para los europeos, los cuales también se mezclaron con los holandeses dando origen a los denominados Colorados. Entre los tribus khoikhoi los más conocidos eran los Griqua, quienes habien vivido originalmente en la costa este la Bahía de Santa Elena y las montañas Cedeberg. En el siglo XVIII lograron obtener armas y caballos y se dirigieron hacia el nordeste. En su ruta se les fueron agregando Colorados y otros grupos de Khiosan y hasta incluso aventureros blancos, llegando a crear una fuerza militar considerable. Finalmente llegaron al Highveld cerca de lo que denomina Kimberley, donde se establecieron en el territorio que se llama Griqualand. A medida que los granjeros se expandían hacia el centro de la región comenzaron a llevar una vida pastoral, no muy diferente de los Khoikhoi que iban desalojando. En adición al ganado, traían normalmente una carreta, una tienda de campaña, un fusil y una biblia. Éstos fueron los primeros Boers, completamente independientes de un poder central, extraordinariamente autosuficientes y aislados del resto de la región. La vida dura que llevaban produjeron una raza de hombres de gran valentía, íntimamente ligados a la tierra que ocupaban y profundamente religiosos.
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