Poco es conocido de la historia de Sudáfrica desde 500 años adC hasta la llegada de los europeos.
Los primeros en llegar a esta región fueron los portugueses, quienes andaban en la búsqueda de una ruta marítima a la India y a Asia, que reemplazara la costosa y larga ruta terrestre a través del Asia central. En 1487, el navegante Bartolomé Dias dieron vuelta al Cabo de Buena Esperanza.
Doce años después, en 1498, Vasco de Gama navegó por la misma ruta, pero se adentró más hacia el oriente. En su ruta hacia la India desembarcó y exploró Sudáfrica y Mozambique.
Sin embargo los portugueses mostraron poco interés en colonizar esta región. El mal tiempo que reina normalmente en la zona y la costa rocosa del Cabo, eran un peligro para sus naves y las ocasiones que trataron de comerciar con los Khoikhoi terminaron en conflicto. La costa de Mozambique, por el contrario, era mucho más atractiva para ser utilizada como base y adicionalmente en esta isla se descubrieron yacimientos de oro.
Los portugueses tuvieron poca competencia en estas rutas hasta el siglo XVI, cuando los ingleses y los holandeses comenzaron a penetrar estas regiones.
El tráfico de naves en el Cabo de Buena Esperanza comenzó a aumentar y la región se convirtió en un punto regular de parada para reponer provisiones frescas a tripulaciones frecuentemente atacadas por el escorbuto.
En 1647, una nave holandesa naufragó en la bahía de la ciudad del Cabo y su tripulación construyó un fuerte que ocuparon durante un año. Poco después, la Compañía Holandesa de la India Oriental decidió establecerse en ese lugar permanentemente.
La Compañía holandesa, una de las más poderosas de la época, que cubría la ruta de las especias hacia el Este, no tenía intenciones de colonizar la región, sino que más bien lo que intentaba era tener una base segura para suplir a los barcos en su ruta hacia Oriente.
Con este fin es que una pequeña expedición de holandeses al mando de Jan van Riebeck llegó a Table Bay el 6 de abril de 1652.