 Una de las más fascinantes sagas históricas de Sudáfrica, comenzó cerca de Kimberley, con el descubrimiento del diamante "Eureka", de 21 quilates, en 1866 y del fabuloso "Star of South África", de 83 quilates, en 1869. noticias se difundieron rápidamente y ya hacia el final de la década, hordas de buscadores habían convergido en la región, escudriñando las orillas de los ríos, "tamizando la tierra", en una desenfrenada búsqueda de fortuna. Kimberley entró en una época durante la cual se apostaron fortunas y las pujas por el poder fueron despiadadas. Con el telón de fondo del calor, el polvo, las moscas y un conjunto desorganizado de carpas y casuchas, del anonimato surgieron hombres que alcanzaron la fama y la fortuna. Cecil John Rhodes, hijo de un modesto vicario inglés, llegó a ser el hombre más acaudalado y poderoso de su época. Bamey Barnato, producto de los barrios pobres de Londres, alcanzó a ser un magnate minero multimillonario. Al poco tiempo comenzaron a surgir lujosas mansiones en las calles polvorientas del pueblo, se construyeron caminos y puentes y a comienzos del siglo, Kimberley se había transformado en una ciudad próspera y al mismo tiempo, Sudáfrica fue lanzada en el camino de la prosperidad hasta llegar a ser el país más industrializado del continente. En la actualidad, Kimberley es una ciudad moderna con amplias calles arboladas, hoteles confortables y modernos centros comerciales muy lejos del caos de hace 130 años. Pero el extraordinario fervor del pasado está siempre presente en la ciudad con un aura de aventura y drama. El nombre de "Kimberley" será siempre sinónimo del diamante. Haciendo eco de las palabras del ex Presidente del Directorio de la empresa de Beers, el Sr Harry Oppenheimer quién dijo; "la ciudad de Kimberley siempre será la capital del mundo de la industria del diamante aún cuando las minas de la zona sean reliquias silenciosas del 'Big Hole' (Gran Hoyo)".
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