 Hace unos ciento sesenta anos, la zona conocida hoy como el Witwatersarand, era habitada por tribus esparcidas y, a menudo, guerreras. A pesar de que los Boers, quienes emigraron del Cabo a la altiplanicie en la década de 1830, debieron ser concientes del probable conflicto; tuvieron la visión de las ventajas que ofrecían las buenas pasturas y una tierra profunda y fértil. Se asentaron en grupos pequeños y aislados, tuvieron familia, cuidaron ganado y plantaron cosechas. En el ano 1886 George Harrison, un buscador australiano, tropezó con el deposito de oro más rico del mundo en un pedazo dé terreno barrido por el viento. Buscadores, especuladores y aventureros, llegaron de tos cuatro rincones del mundo y el panorama pastoril cambió de un día para el otro... Las aldeas típicas, con sus tabernas y sus peleas, se transformaron en modernas-ciudades de hormigón con parques y lagunas artificiales. Para apoyar a la industria de la minería, se construyeron líneas férreas y caminos, se aumentó la producción agrícola y se establecieron industrias fabriles. En el centro de todo esto, Johannesburg creció en rededor de las minas, se convirtió en la "Capital Minera del Mundo" y el país fue catapultado a un boom económico. Hoy Johannesburg, Pretoria y los pueblos del "Triangulo del Vaal" Vereeniging y Vanderbijlpark, completan el corazón industrial y comercial de Sudáfrica. Hacia el este y el oeste, los pueblos se fusionan para formar una gran urbe en constante crecimiento. Sin embargo, la mayor parte de la región escapó al desarrollo industrial; hay decenas de retiros tranquilos, hosterías y lugares de veraneo donde los habitantes de las ciudades pueden descansar en una ambiente libre de distracciones urbanas.
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